Crónica de nuestro viaje a Faial, Azores

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Faial, nuestro destino, es una pequeña isla en medio del océano que nos ha permitido realizar algunas de las inmersiones más salvajes de nuestra vida.

La isla de Faial, también llamada la “Ilha Azul”, es para muchos portugueses el paraíso de las Azores. Su capital, Horta, es una bella y tranquila ciudad con arquitectura tradicional y un cosmopolita puerto deportivo. En la actualidad cada vez son más los aventureros que vienen a este enclave natural para disfrutar del buceo y el encuentro con las grandes ballenas.

 

Desde casi cualquier lugar de Horta disfrutaremos de dos magníficas visiones: el inmenso océano y el monumental volcán de Pico, la cercana isla vecina, que se eleva de forma vertical por encima de los 2000 metros de altura. Y es la topografía de estas dos islas, y las profundas aguas que las rodean, lo que convierten a esta zona en uno de los mejores lugares del mundo para avistar dos de los cetáceos más esquivos que habitan nuestros océanos: el cachalote y la ballena azul. 

Pero Faial no sólo es el reino de las ballenas, sus fondos ofrecen a los buceadores una variedad de inmersiones difícil de igualar y en sus costas se pueden explorar grutas, volcanes y pequeños islotes. Aunque lo que ha dado fama mundial a este lugar son dos puntos de buceo muy exclusivos situados en el azul. Banco Princesa Alice y Banco Condor nos ofrecen un buceo exclusivo y característico en bajos submarinos que asciende desde el lecho oceánico hasta cerca de la superficie. Aquí la acumulación de nutrientes crea un vergel en medio de la inmensidad que actúa como un imán para los depredadores pelágicos, como los tiburones, las mantas y los atunes.

 

Para conocer todos los detalles sigue leyendo la crónica de nuestro viaje. Ahora os dejamos el vídeo que grabamos durante las inolvidables inmersiones que realizamos en Faial.

 

 

 

CRÓNICA DEL VIAJE A FAIAL

Faial se encuentra en las Azores centrales, y debido a su ubicación no es posible realizar un vuelo directo desde Madrid. Será necesario pasar por Lisboa y a veces realizar tránsito en alguna de las islas del archipiélago. No obstante, con una buena programación el viaje hasta Horta no debería durar más de 8 horas.

 

Desde nuestro punto de vista, lo más sencillo para organizar un viaje de buceo a Faial es ponerse en manos de un centro de buceo local que gestione íntegramente nuestra estancia: alojamiento, transfer y, por supuesto, las inmersiones. Nuestra elección fue Dive Azores y ahora podemos decir que ha sido todo un acierto. El equipo liderado por Tiago y Joana, biólogos y gerentes de Dive Azores, nos hicieron disfrutar y aprender de lo lindo con una combinación perfecta de profesionalidad y entusiasmo. Además sus recomendaciones fueron todo un éxito, incluyendo nuestra estancia en el Hotel Resort Faial, donde pudimos disfrutar de unas inmejorables vistas y unas cómodas instalaciones que incluyen SPA y dos piscinas, una de ellas cubierta. En conjunto, Horta nos brindo un ambiente tranquilo y agradable que sirvió para relajarnos después de nuestras intensas salidas de buceo.

 

Por fin llegó el momento de realizar la tan ansiada primera salida al mar, y decidimos comenzar buscando a uno de los habitantes del océano, el cahalote.  La duración de esta actividad suele ser de unas tres horas, pero Tiago nos obsequió con más de cinco horas de navegación, que sirvieron para conocer muchos de los secretos de estos cetáceos. ¿Pero cómo íbamos a localizar a estos esquivos animales? El truco es sencillo e infalible, existen vigías que desde tierra se dedican a detectar sus soplidos y, una vez localizada su posición, los observadores avisaban al centro de buceo para comenzar la actividad.  La ballena con dientes más grande que existe es muy sociable y suele encontrase en grupos familiares que descansan en la superficie de sus largas y profundas inmersiones para buscar alimento. Además de la característica imagen de su gran aleta caudal rasgando la superficie, se pueden observar grandes saltos fuera del agua, aunque este comportamiento es bastante más inusual. Durante el recorrido se producen encuentros con varias especies de delfines, principalmente comunes y pintados, que atraídos por la curiosidad o las ganas de jugar se acercan al barco, entonces es posible saltar al agua y nadar junto a ellos. La duración del encuentro dependerá de la curiosidad de los animales y de la forma de comportarnos en el agua, como siempre cuanto más tranquilos estemos más posibilidades hay de que los delfines decidan quedarse junto a nosotros. En todo caso, la adrenalina se dispará y la experiencia es inolvidable.

 

Otro de los atractivos que ofrece Faial es la posibilidad de bucear con tiburones pelágicos y los dos principales protagonistas de estos encuentros son dos vagabundos del océano: el tiburón azul (Prionace glauca) y el mako o marrajo (Isurus oxyrinchus), este último algo más voluminoso que su compañero. Para encontrarlos nos tenemos que desplazar al Banco de Condor, una reserva marina situada a unas 22 millas de la costa, prácticamente en medio de ningún sitio. Esta zona protegida en medio del océano es el hábitat de los tiburones azules, pero se necesita algo más que visitar este lugar para que los escualos acudan a la cita, y el personal de Dive Azores lo sabe y ha desarrollado un método que garantiza la seguridad de buceadores y tiburones. Nada más llegar se vierte en el agua una mezcla de trozos de pescado, sangre que atrae avisa de nuestra llegada y consigue atraer a los tiburones a las inmediaciones de nuestro barco. Ahora hay que lograr que permanezcan en la zona durante la inmersión y para ese fin una caja con pescado y pequeños orificios hace de cebo mientras estemos en el agua.

 

Una vez está todo preparado, se entra en el agua de la forma más silenciosa posible para mantenernos agarrados a unos cabos que de manera vertical cuelgan del barco y sirven de apoyo a los buceadores. El comportamiento de los tiburones es tranquilo y curioso, dando vueltas constantemente e inspeccionando tanto el cebo como a los buceadores. Para que os hagáis una idea, durante los 103 minutos que estuvimos en el agua, la inmersión más larga que hemos realizado con una botella de 12 litros, unos 10 tiburones estuvieron constantemente a nuestro alrededor, lo que brindo a todos lo fotógrafos presentes infinidad de  oportunidades para inmortalizar a los escualos a pocos centímetros de distancia. A la fiesta se unió un mako, que se acercó a comprobar que ocurría, inspeccionó el cebo y desapareció en la inmensidad del azul. El balance... una inmersión formidable que en la actualidad no puede realizarse en ningún otro lugar del mundo.

 

Otro de las citas claves de nuestro viaje era la visita al ya mundialmente famoso Banco Princesa Alice. Para llegar a nuestro destino se necesitaban más de tres horas de navegación, así que el plan era salir a las 6 de la mañana y regresar sobre las 6 de la tarde. más de 12 horas de intenso contacto con la inmensidad del océano Atlántico. Banco Princesa Alice se encuentra a 45 millas de las costas de Faial y es un una montaña submarina que asciende hasta los 35 metros de profundidad y atrae a la vida pelágica en sus migraciones por el océano. Este fascinante lugar guarda un misterioso secreto - desde finales de junio a septiembre - es visitado por un nutrido grupo de mantas (Mobula taparacana) que hacen las delicias de los intrépidos buceadores que se atreven a llegar hasta este lugar. Si buscáramos una palabra para definir este punto de buceo podría ser “extraordinario”. La visibilidad es extraordinaria, al igual que el azul del mar y el espectáculo que nos brindan los habitantes de este pináculo.

 

La inmersión es sencilla, se lanza el ancla a unos 40 metros y se desciende por la el cabo, una vez en el fondo se da una pequeña vuelta por la cima submarina, donde es posible recibir la visita de alguna manta o cruzarnos con grupos de atunes, carángidos, barracudas y gallos. Por desgracia, nos comentaron que hace tiempo era posible disfrutar de la presencia de tiburón galapagueño, pero fueron pescados hasta hacerlos desaparecer. De regreso al cabo del ancla y, usándolo como referencia, se comienza el ascenso. A unos 20 metros empieza el espectáculo: las elegantes mantas se acercan en grandes grupos de hasta 20 individuos, que interactúan con los buceadores hasta que de nuevo se pierden en el azul, después de unos minutos aparecen de nuevo y vuelta a empezar. Hasta la superficie estuvimos disfrutando de este espectáculo al que se unieron otros pelágicos como el Wahoo o Peto (Acanthocybium solandri), uno de los peces más rápidos del océano, que en todo momento se mantuvo dando vueltas en nuestra inmediaciones.

 

Bueno, creo que ya os podéis hacer una idea de lo que nos ofrece las prístinas aguas de Faial. Si a todo esto sumamos las interesantes inmersiones desde costa, el trato familiar de sus habitantes y la belleza de un lugar que nos hizo viajar a otros tiempos, podemos decir que estamos ante unos de los viajes de buceo más auténticos y completos que se pueden realizar en la actualidad.

 

Nos vemos en el próximo destino. Hasta pronto...